1 jul. 2011

Miedo



La noche es oscura. No hay estrellas en el cielo. Estoy en mi habitación. Intentando, una vez más, conciliar el sueño, sin éxito. La luz de la solitaria luna entra por mi ventana, creando terroríficas sombras en las paredes. Despierta mi imaginación y veo seres extraños acercándose, sigilosos.
Miedo. Ese sentimiento de inseguridad y pánico, que se apodera de cada músculo de mi cuerpo.
Mis sentidos se agudizan. Tanto que escucho, siento y veo cosas que son producto de mi mente, que intenta asustarme. Pero es inevitable, una vez que la imaginación toma el control, la razón y la lógica mueren.
Abro los ojos, alerta. A la espera de algo que presente una amenaza. Mi corazón late fuerte y apresurado. Entonces surge de las entrañas del bosque un monstruo aterrador. Me quedo sin aliento. Alargo la mano y enciendo la luz.
Nada. No hay nada entrando por mi ventana. Sólo las cortinas agitándose al acompasado ritmo del viento. Sólo mi imaginación. O no. Prefiero no saberlo.


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