30 jun. 2011

Tiempo

La rapidez con la que todo pasa...
El día de tu nacimiento comienza la cuenta.
Los años pasan rápidamente. Las primeras palabras, los primeros pasos, las primeras caídas. Todo es nuevo para ti, pero pasa tan deprisa. Cuando eres pequeño todo parece eterno. 
Pero un día despiertas de ese sueño. Te das cuenta de que ya no eres uno de los niños perdidos y campanilla te ha abandonado por el camino. Maduras.
Es entonces cuando entras en el mundo de los mayores. Y de pronto te exigen responsabilidad. Debes preocuparte por el futuro, y no comprendes nada. ¿Cómo vivir preocupado por el futuro, cuándo ni siquiera sabes lo que te depara el presente?
En ese instante, viene a tu mente una sola frase. '' Nunca debí salir de mi dulce infancia''.
Y a partir de ahí, todo va a peor. Te ahogan problemas que jamás habías tenido. Pero eso no impide que pase el tiempo. Tú continúas creciendo.
Y por fin llega el momento. Decides tu futuro. Descubres tu don (pues todos tenemos alguno) y florece en tí la ilusión de ser único en lo que haces.
Tras descartar los sueños de tu niñez, decides escoger el oficio del que serás esclavo el resto de tu vida.
Vives pensando que eres la persona perfecta para eso. Pero, como siempre, el mundo te da una lección. Te demuestra que hay muchas más personas que saben hacer lo mismo que tú. A veces incluso mejor. Esto te desalienta. Pero no desistes, continúas intentando mejorar. Destacar por encima de los demás. Te centras en tu trabajo, con la esperanza de que tu nombre sea recordado por las generaciones venideras, con orgullo.
Pasa así tu vida.
Un día, te despiertas y estás en una casa vacía, como tu corazón. Y te arrepientes. Te arrepientes de haber dejado de ser un niño. Y te preguntas -¿Qué he hecho?-. Miras el espejo y ves una soledad abrumadora que absorbe tu alma. Es entonces cuando añoras el calor humano y la compañía. Pera ya es tarde. Después, solo queda el silencio. El silencio que deja el recuerdo de lo que un día fueron tus sueños, ahora ahogados y olvidados. Y te das cuenta de que la única forma de seguir siempre vivo, es en los corazones de la gente que te ha amado.

Nos pasamos la vida buscando la felicidad, cuando la felicidad más grande es el simple hecho de estar vivo.


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