15 abr. 2015

Él es mi historia de amor. Mi favorita.




Con los libros aprendemos infinidad de cosas; matemáticas, biología, filosofía… incluso a sentir, a imaginar lugares y personas que no existen, a volar y a convertirnos en mil personas diferentes. Sin embargo, hay algo que no nos enseñan, y es lo que ocurre después del final. Porque eso es la vida y toda ella es demasiado complicada de describir.
Cuando lees una historia de amor sabes que acabará, la mayoría de las veces bien, otras mal, pero siempre tendrá un final.

Las personas cometemos el error de buscar una historia de cuento, algo fuera de lo común, que sea único, y mientras intentamos encontrarlo, dejamos escapar todos los momentos, amores, sonrisas y viajes que podrían haber sido.

Nos damos cuenta, unas veces tarde y otras a tiempo, de que la realidad supera a la ficción, y que en la vida hay obstáculos que tenemos que superar, sin la ventaja de poder pasar la página antes de tiempo para ver si lo lograremos no.
Pero en la vida tenemos besos de verdad (y eso es una ventaja enorme), tenemos abrazos largos y calentitos, charlas sin guion y sentimientos que nos llenan el corazón.
A veces olvidamos que los malos momentos son también parte de la mejor de las historias, pero que eso también se supera, porque un abrazo a tiempo puede hacernos felices por siempre.

Olvidamos que en la vida real tenemos que luchar y darlo todo de nosotros a cada paso, pero ¿qué es la vida sin eso?

A veces nos damos cuenta de que debemos dejar de ser cobardes y enfrentar las cosas a la cara.
Por eso y por mil razones más tú eres mi mejor historia, porque eres mi problema y mi solución, mi jaula y mis alas.

Y por una historia como esta, ¿qué más nos queda que no sea luchar toda la vida?






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