3 ene. 2013

Tú, que me haces ser más yo que nunca.

Y entonces, cuando ya has decidido que luchar es de tontos, que el amor es una simple reacción hormonal, que la soledad no es bonita a largo plazo, pero nadie puede hacerte daño de esa manera; cuando ya tienes acabados todos tus esquemas, llega alguien y te los rompe. Y se mete en tu mundo a la fuerza, porque tú intentas impedirlo. Pero lo hace, vaya si lo hace. Y te das cuenta de que por mucho que luches, por mucho que intentes evitar quererle, no eres capaz. Y lo quieres. Y consigue trepar por la muralla, llegar a ti, acercarse, y meterse en tu corazón. Y se te graba dentro, tan dentro que no puedes apartarlo, porque si lo intentas te haces daño, porque en realidad lo quieres cerca.

Y después de tanto tiempo sintiendo frío, de tanto andar perdida por callejones, escribiendo letras que no sientes pero quieres sentir, agarrando a gente que se quiere ir, exprimiendo sentimientos secos; después y a pesar de todo, aparece, cuando te rindes, cuando ya no buscas, cuando en realidad ya no quieres saber nada de él, ni que te mire ni mirarlo, cuando llegas al acuerdo neutro de que si él no viene tu no irás, porque estás cansada de buscarlo sin encontrarlo, y de verlo esconderse de ti, huyendo...es ahí cuando el amor te coge desprevenida. Y te sorprende, como nunca nada ni nadie lo ha hecho.

Es entonces cuando sientes que algo dentro de ti vuelve a unirse, que se reconcilian tus dos partes, porque siempre has sido una bipolar sin remedio. Y le miras y piensas en cómo has podido vivir sin él tanto tiempo. Reconoces de nuevo ese sentimiento que creías olvidado, que habías desechado y exiliado en el olvido; y sientes, y te gusta sentir. Todo se vuelve más cálido, y te derrite, como un verano a destiempo. Porque lo amas, sin remedio, como sólo tú sabes amar. Con toda tu alma, porque el corazón se te queda pequeñito.

Y dejas de tener miedo, porque ya sabes lo que viene ahora: porque sólo tú conoces tus sentimientos a la perfección... y te dejas llevar y derretir; dejas que te arrastre el alma, él, el sentimiento, todo... sin mirar atrás, ni adelante, sino a tu lado... donde camina tu felicidad.









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