16 nov. 2012

Vivencias

A medida que las generaciones pasan, supongo que todos nos fijamos en las que vienen detrás y pensamos lo mismo ''nosotros fuimos mejores''.

En el fondo no sé si ese pensamiento es acertado o no, pero mirando objetivamente cada una de las personas que me rodean, me doy cuenta de que no tienen una concepción sólida de lo que es vivir.

Si ahora mismo preguntase a alguno de ellos cual ha sido la mayor locura de su vida, estoy casi segura de que prácticamente el 90% me contaría alguna anécdota que para mi seria un da normal. Con ello no significa que afirme que mi generación ha tenido mas experiencias pero, en mi opinión, hemos sabido exprimir cada gota de todos los momentos de los que formamos parte, fueran buenos o malos.

Nosotros hemos pasado por incontables locuras y, a día de hoy, aunque no me sienta orgullosa de algunas, jamás las cambiaría por nada, porque de cada una he sacado una lección, una moraleja, una memoria y por supuesto, un montón de amigos.

Hoy puedo decir que he vivido, y puedo decirlo en alto, con orgullo y sin ningún tapujo.

Puedo contar como pasé cada etapa de mi adolescencia, la rockera, la rapera, la gótica, la choni, la pija, la hippie...(en la que, al parecer, sigo inmersa). Y lo que es mejor, puedo admitir cada error de los que cometí durante ese tiempo, e indicar que es lo que me hizo cambiar de forma de ser en cada instante. Por eso cuando veo ese reflejo en otras personas, puedo (la mayoría de las veces) saber que es lo que pasa por su mente, los problemas que les quitan el sueño, las inquietudes, los deseos...

Pero a pesar de todo esto, también puedo afirmar que, aunque cambiara, la esencia siempre fue la misma, mi yo.

Aprendí a hacer el loco hasta limites insostenibles, malgaste el tiempo, me junté con ‘’malas influencias’’, me di cuenta de que no puedes vivir así eternamente y maduré poco a poco, pero llevándome el recuerdo de cada vivencia.

He conocido a todo tipo de personas, y cada una me ha marcado. He aprendido que la gente va a hacerte daño, unos queriendo y otros sin querer. Que un amigo se puede convertir en un enemigo y un enemigo en amigo. He aprendido ha sobrellevar la traición, pero también a perdonar y lo que es mas importante, he comprobado que el perdón te libera, te da la oportunidad de seguir adelante.

Soy capaz de decir con toda mi sinceridad que he amado intensamente, he vivido ese sentimiento tan hermoso y lo he aprovechado con cada gotita de mi ser, pero también he podido ver que algo que parecía eterno se convirtió en fugaz, y que cuando el amor muere deja un vacío terrible. He sabido lo que siente la gente que intenta llenar ese vacío a toda costa, he seguido su camino, y por supuesto, he fracasado, dándome cuenta de que no se llena, simplemente se aprende a ignorar con el tiempo.

Con el paso de los años me perdí, hasta el punto de encontrarme en el suelo preguntándome ''¿que coño estás haciendo?''. Me levante, como si renaciera y continué dibujando mi camino, siendo lo que siempre quise ser, una luchadora.

Cometí los mismos errores una y otra vez, y en cada uno perdí un poco de lo que soy, pero no lo cambiaría por nada.

Encontré una amiga de verdad, la que supo estar a mi lado en cada momento malo, y la que estuvo presente en cada sonrisa, aquella a la que debo más de lo que puedo pagarle, la que hizo que confiara de nuevo en la gente; pero también vi como la amistad se apaga, y como la gente cambia y se hace incompatible.

Aprendí a estar sola, e incluso a disfrutarlo, pero también comprendí que ese no puede ser un estado eterno, porque acaba doliendo.

Encontré al grupo de personas que mas me ha enseñado hasta ahora, mi segunda familia, aquellos que hicieron todo por mi y más. Con los que pase momentos inolvidables, a los que ame con todo mi ser. Viví el auge de la amistad, lo máximo que puedes llegar a compartir con personas que hasta hacia poco eran desconocidos. Pero también supe lo que provoca la separación, con la certeza de que allí a donde me lleve la vida, aun en el otro extremo del mundo, siempre tendrán mi amor, mi apoyo, mi preocupación y mi cariño. A pesar de que he llorado al verlos marchar, sin tener certeza de cuando volvería a verlos, me he dado cuenta de que vale la pena, solo por la alegría de los reencuentros.

Conocí a personas tan heridas como yo, o incluso más, y me di cuenta de que a pesar de todos los esfuerzos, no puedo curar a todo el mundo.

He buscado el amor, lo he perseguido con todas mis ganas, y he fracasado. He creado una muralla que me protege de todo y en ocasiones yo misma me he sentido fuera de ella. He vivido el proceso por el que pasa una persona para perder la capacidad de amar, de preocuparse; he visto en mi misma como ese frío se va extendiendo por cada gota de sangre, y como la mente elimina la mas mínima esperanza que se asoma por el gigantesco muro que tengo construido. He aprendido a alejarme de las personas para que no me hagan daño, me he evadido de la sociedad hasta limites insospechados, pero ahora, me doy cuenta de que así sólo te impides a ti mismo la posibilidad de conocer gente increíble.

He conocido a la persona capaz de poner una gatera que le permite entrar y salir de mi muralla a su antojo, pero también me he dado cuenta de que siempre estuvimos ambas dentro, el problema es que jamás nos dimos cuenta. He conocido la sensación de ver por primera vez a una hermana y saber que alguien te acompaña de la mano. La he amado, es más, la he venerado. He intentado aconsejarla y sujetarla cada vez que iba a caer, pero también he sabido dejarla caer cuando lo necesitaba. Y ahora, sé dejarla marchar, sabiendo que va a buscar su felicidad.

He defendido mis ideales, pero también he reconocido cuando estaba equivocada. He aprendido que mi derecho a ser como soy, no quita a los demás el derecho que tienen a ser como son, y que no puedo juzgar a nadie solo por su apariencia. Me he separado de lo correcto, y me he metido en lo política o religiosamente incorrecto, y he disfrutado de ello sin preocuparme de lo que los demás llegaran a pensar de mi. Me he separado del rebaño y por el camino me he encontrado con las ovejas negras mas interesantes, locas, excéntricas y luchadoras que he visto en los pocos años de mi vida. Incluso me he llegado a sentir orgullosa de ellas.

He defendido la paz con argumentos que resultan sólidos para mi, pero me he dado cuenta de que otros defienden la guerra con argumentos que son sólidos para ellos y que siempre habrá diferencias, pero lo acepto, porque todos tenemos nuestras razones para ser como somos y porque en eso consiste el libre albedrío de la gente y sobre todo la libertad de pensamiento.

He sentido la añoranza en cada hueco de mi cuerpo y mi ser, la soledad, el vacío, la desesperación por encontrar algo que me haga sentir. He perdido las ganas de todo. Pero también he sentido como se comienza a recuperar, poco a poco, en un proceso desesperante y como parece que vas saliendo de ese profundo agujero que tu mismo has cavado.

Me he dado cuenta de que todos tenemos una razón para hacer lo que hacemos, y que tengo que respetar las de los demás, porque aunque a mi me resulten absurdas, para ellos son importantes. Además he decidido que no puedo hacer a los demás lo que no quiero que me hagan a mi, pero que tampoco puedo permitir que otros me hagan lo que yo no haría.

He aprendido que el tiempo siempre es la cura para todo, y que es él quien realmente tiene el mando.

Y después de todo, puedo decir con seguridad que la vida es una sucesión de lecciones que deben ser vividas para ser comprendidas y que nunca hay tiempo desperdiciado porque, si has sentido algo cada segundo de tu vida, ya lo has aprovechado.

Y tú, ¿has vivido?

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