28 jun. 2011

Pequeña colegiala

(Me enviaron este relato en un e-mail y me encantó =) espero que os guste)


Lo sabía, lo sabía desde aquella tarde en que le vi.

Él estaba allí, con sus amigos y sus motos. ¡DIOS, LO QUE SENTÍ! 
Sus ojos azules y penetrantes como la luna, su tez tan oscura y morena, su pelo más oscuro que la noche. 
Un anillo colgaba de su oreja, y supe entonces que me iba a costar olvidarle. 
Él se volvió cuando uno de sus amigos gritó su nombre. ¡BENDITO NOMBRE! Benditas letras que componían lo que significaba. 
En pocos días mis libros se llenaron con su nombre y mi corazón de ilusiones y fantasías. Cada día salía al patio donde sabía que él estaría y le observaba desde una esquina temerosa de que me viera vestida de colegiala y me tomara por una cría que soy, pero con un corazón capaz de dar todo el amor del mundo. 

Un día, en el parque, él estaba sentado enfrente con sus amigos. Le dio la última calada al cigarrillo y se marchó. Yo le seguí con la mirada. 
Cuando un Simca 2000 rojo pasión salió de la calle prohibida, yo grité entonces. 
Aquel ruido de cristales rotos... Yo salí corriendo hacia él. Las lágrimas me nublaron la vista. 
Tenia medio cuerpo debajo del coche, boca abajo, la cabeza ladeada y un brazo destrozado. El conductor decía una y otra vez que lo sentia. 
Me agaché y posé su cabeza en mis rodillas. ¡ME MIRÓ! 

Sus ojos reflejaban tranquilidad, aunque en el borde de sus labios una pequeña gota de sangre se esparcía por su camisa blanca. 

Sólo dijo una frase y dejo de existir: 

TÚ, MI PEQUEÑA COLEGIALA





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