16 may. 2011

Sueños

A los que respetaron mi libertad..., antes de nacer.

En el tiempo mágico y de cristal de los sueños, dos seres – recién llegados al mismo mundo- se hicieron amigos.
Cada día, desde la roja oscuridad de sus claustros maternos, los nuevos fetos intercambiaron esperanzas.
Pero un día, uno de los seres se sintió morir.
Y en aquella angustia de su soledad llamó al hermano de gestación...
-         Algo ocurre con mi cuerpo. He sentido el dolor de una espada que me ha cruzado de parte a parte. ¡Y la vida se me va!
Pero el segundo guardó silencio.
-         ¡Oh, hermano, responde a mi angustia! ¿Por qué me siento morir si ni siquiera he nacido?
Y el segundo respondió al fin:
-         Tu etapa ha sido corta. La vida se te escapa.
-         ¿Por qué?
-         Tu padres no te desean.
-         ¿Y voy a morir?
-         Me temo que sí.
En la burbuja de los sueños, aquel nuevo ser lloró con lagrimas de vacío. Con el llanto negro de los impotentes y encadenados...
-         ¿Por qué, por qué? – repetía sin cesar.
-         ¿Es que no sabes que el mundo en el que hemos sido concebidos tolera y admite la muerte de aquellos que, como nosotros, todavía no han visto la luz del Planeta?
-         Pero el derecho a la vida es prioritario a cualquier otro derecho.
-         Sí, pero solo para los qque ya han nacido...
-         ¿Y qué me dices de la Ciencia? La Biología y la Genética han demostrado que la vida de todo ser humano comienza en el instante mismo de la concepción...
-         Eso son ``músicas celestiales´´ para los ya nacidos. Está claro que los hombres del mundo llamado Tierra se desahacen siempre de aquello que les molesta, diga lo que diga la Ciencia.
-         ¡Oh Dios! Pero entre los seres humanos, ninguno es inferior a otro. Ninguno debe carecer de derechos.
-         A pesar de eso, tú no nacerás.
-         ¿Cómo puedo defenderme? ¿Cómo puedo gritarles que siento y que vivo?
-         No puedes.
-         Entonces, mi muerte es injusta. No he sido juzgado siquiera. ¿Cuál es mi delito?
-         Haber aparecido sobre la faz del Planeta. Ésa es tu culpa. No hace falta que te juzguen. Los ya nacidos lo harán por ti.
-         ¿Cómo puedo decirles que tengo grandes planes, que quiero ser un gran investigador, que llevo en mí el secreto para resolver graves problemas?
-         Tampoco puedes. Con mucha suerte, tan solo podrás gemir en un cubo de basura.
El nuevo ser se estremeció. Sintió cómo los latidos de su pequeño corazón se hacían cada vez más desacompasados...
-         ¡Hermano, ayúdame! ¡Me muero!
-         Nadie puede hacer nada por ti.
-         Pero, ¿y mi madre? ¿Por qué ella sí pudo nacer y yo no? ¿No dicen que la libertad es para todos?
-         Dicen.
-         Dime, ¿por qué les molesto?
-         Afirman que eres un lastre para su ``libertad individual´´ y para su ``realización personal´´. Además, tu presencia significa nuevos gastos. Más dinero.
-         ¿Y el amor?
-         Esa flor no es natural de este Planeta.
-         Pero, ¿por qué yo muero y tú no? Ambos hemos sido concebidos al mismo tiempo. ¿Por qué tu vivirás y yo no?
El segundo feto guardó un nuevo y prolongado mutismo. Pero, al fin, respondió:
-         Es que yo, hermano, no soy un ser humano. Yo soy un perro.

''Los inhumanos'' J.J. Benítez

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