28 abr. 2011

Tensión



Comienzo a caminar, sorteando las tumbas, hacia donde está mi hermana. Debajo de un sauce gigante. Ella adoraba este árbol y por eso quisimos enterrarla aquí. Subo la colina y llego a la lápida, una piedra de mármol blanco, con el nombre de mi gemela, una dedicatoria en letras doradas y, justo encima, un ángel que vigila su descanso. Me siento a su lado y paso la mano por las letras, por sus diecisiete años. Me duele tanto que se valla a perder todo. Pero sé que en nuestros corazones ella siempre va a formar parte de nuestras vidas. Quiero que sepa que jamás existirá una historia de la que ella no forme parte. La echo tanto de menos. Aún no me puedo creer que se halla ido. No soy capaz de imaginarme la vida sin ella. Lo hacíamos todo juntas, y ahora solo estoy yo. Los primeros meses me negaba a aceptarlo, luego vino la etapa de la rabia. Recuerdo que venía aquí y me sentaba a gritarle. Le decía que como podía hacerme esto, que como podía abandonarme así y que la odiaba por ello. Esta etapa, solo me puso peor, así que al final tuve que asumirlo. Ahora simplemente duele. Pero ya no lucho contra eso. Así que me quedo aquí y dejo que el dolor se extienda por toda mi alma, como una droga que fluye por la sangre. Sé que solo así puedo llegar a seguir adelante. Siempre voy a llevar esta herida conmigo, pero es mejor dejarla sanar con el tiempo.
Me acuesto a su lado y cierro los ojos, deseando parar el tiempo. Pienso en todos esos momentos juntas y me alegro de haber vivido estos años a su lado. Le doy las gracias por haber sido mi hermana y por haberme apoyado en todo.
- Seels, hoy voy a donar sangre. He estado leyendo en Internet que puedes ayudar a mucha gente con eso. ¿Quieres venir?
- Ni loca, no pienso dejar que me claven una aguja, y mucho menos si es para sacarme sangre. La última vez me desmayé y no me resultó muy agradable.
- Si, me acuerdo de eso. Fue muy divertido, primero pusiste tu típica cara de sufrimiento y luego ¡pum!. Menos mal que estabas sentada. Aún así recuerdo que te salió un cuernazo en la cabeza por el golpe y que parecías un unicornio.
- Ja-Ja... qué risa Himy. Eres tan graciosa. ¿Cómo consigues tener ese encanto?¿Es natural o lo practicas?
- No es justo, ¿por qué tienes tú todos los genes de la ironía?
- Porque nací primero y me los llevé antes de que pudieras encontrarlos.
- Primero, solo naciste tres minutos antes que yo; y segundo, ¡Qué egoísta!. Gracias por dejarme sin ninguno. Ahora cada vez que intento burlarme de alguien no puedo, porque mi hermana egoísta no quiso darme un puñado de genes.
- De nada. Venga, vete a donar tu sangre no-irónica. Tus pacientes esperan ansiosos tu llegada, Doctora Himonster.
- ¡No me llames eso! Por tu culpa llego tarde otra vez. Nos vemos luego. ¡Adiós!
- ¡Adiós! ¡No dones ningún órgano!
Esa fue la última conversación que tuvimos. Más tarde me enteré de que le habían disparado.
No quiero pensar en eso. Solo quiero recordar los momentos felices con ella. Y lo hago. Vienen a mi mente todos y cada uno de ellos.
Me despierto con un ruido. Como si alguien caminara cerca. Oigo un último paso y luego todo se queda en silencio. Está muy oscuro. No sé cuanto tiempo he estado durmiendo. Miro mi móvil y veo las ocho llamadas de mi madre, que debe de haberse preocupado. Son las once y cinco. Las luces de aquí alumbran muy poco. Dan un aspecto fantasmagórico al cementerio. Tengo que salir rápido de este lugar. Odio la oscuridad. Comienzo a bajar hacia la puerta, después de decir adiós a mi hermana. Recuerdo los pasos que escuché al despertarme. ¿Quién sería?. Abro la puerta de metal y salgo al tenebroso bosque. ¿Había cerrado la puerta al entrar? Que extraño, siempre la dejo abierta. Saco la mini linterna que tengo en mi llavero y alumbro el oscuro camino con ella. Me aterroriza estar aquí de noche. Paso al lado de la casa abandonada, y es entonces cuando se me para el corazón.

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