28 abr. 2011

Reflexiones

Me despierto con un mensaje de mi mejor amiga Lyn. –Seels, hace un montón que no te veo. Estoy preocupada. Llámame cuando puedas-.
Hace mucho que no la veo y me siento mal por no haberla llamado en todos estos meses, pero no estoy de humor para ver a nadie. Aún no.
Mi tía me saca de mis pensamientos cuando entra de golpe en mi habitación. Me pregunta qué color prefiero para su habitación. Genial, va a pintarla ¡otra vez!. Cada mes cambia el tono de las paredes, porque dice que le aburre tener tanto tiempo el mismo. Mi familia tiene algo raro con los colores. Es como una obsesión o quizás algo genético. Ahora entiendo a lo que se refiere mi padre cuando dice ''cada loco con su tema''.
Tía Yuli siempre está haciendo algo, no puede quedarse quieta. Pinta cuadros al óleo, con arena de colores, con hilos... y cuando se aburre de pintar se dedica tejer cosas de colores. Tengo unas cuarenta bufandas de lana, con sus respectivos gorros a juego, y todas de tonalidades diferentes.
Ahora me está enseñando su tabla de colores para que escoja uno. Esto es como un ritual para ella. Señalo el color salmón y veo su expresión disgustada. Me lo voy a pasar muy bien cuando intente combinar sus muebles azules con las paredes de ese color. Siempre lo consigue, pero solo después de pasarse todo el día pensando como hacer para que no desentone nada. ¡Qué desafío!. Será divertido verlo. Me mira con mala cara y se va. Creo que a veces me lee la mente.
Me quedo aquí tirada en mi cama, pensando lo enfadada que estoy con ese... quien sea, por lo de ayer. Aún no me puedo creer que haya perdido un mes esperando en el balcón para que se vaya sin decirme ni una sola palabra. Pero aún así sigo saliendo a ver las estrellas, con la esperanza de que quizás se digne a aparecer, aunque sea para disculparse por ser tan idiota.
Miro por la ventana. El cielo está nublado, señal de que el verano llega a su fin, cosa que detesto. No es que no me guste ir al colegio, en realidad me encanta aprender. El problema es que, cuando vuelva a clase, tendré que soportar las miradas tristes y las típicas preguntas de siempre, -¿Dónde has estado en el verano? ¿Cómo lo llevas todo? ¿Por qué no has llamado?-, por no mencionar la patética frase de la psicóloga de -Estoy aquí para lo que necesites ¿vale?-. No lo soporto. Odio que la gente sienta pena de mí. Y tampoco me gusta tener que mentir sobre donde he pasado el verano, ya que si dijera que he estado todo el tiempo encerrada en la habitación de mi hermana, la gente pensaría que estoy zumbada y se asustaría un poco. Genial, el colegio empieza la semana que viene y me espera un último curso lleno de miradas tristes y preguntas estúpidas. Estoy ansiosa de que empiece. Seguro que será divertido.

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