28 abr. 2011

La espera

Un mes. Ya ha pasado un mes desde que ''alguien'' me dejó ese ángel. Y un mes es el tiempo que me he pasado intentando averiguar qué o quién fue. Pero no consigo nada, ni una pista. Me siento todas las noches con Abu a esperar en silencio, atenta. Pero lo único que vemos son las estrellas devolviéndonos la mirada y diciéndonos que esto es una locura.
Hoy la luna está llena y mis esperanzas vacías. Cada noche me prometo que será la última, y cada noche me siento aquí perdiendo el tiempo, pensando que de pronto va a aparecer Himalia para decirme que está bien y que no me preocupe. Que siga con mi vida. Esa es la teoría que he estado barajando este último mes, bueno, esa y treinta más, una por noche.
Quizá parezca patético y la gente piense que se me ha  ido la olla completamente, pero necesito pensar que allí donde esté, mi hermana me observa y ve la tristeza en mis ojos, por lo que ha decidido darme una señal.
Bueli está a mi lado, y siento que ella, aunque no lo hayamos hablado, tiene la misma teoría que yo.
Dentro todos duermen. Han decidido darse por vencidos después de intentar mil veces que dejáramos esta locura y que volviéramos a la realidad. Que no nos imagináramos cosas que no son reales. Pero esto es real, nosotras lo sabemos.
- Ya está bien por hoy pequeña, me voy a dormir y tu también deberías. Te quiero mi reina.
- Te quiero Bueli. Me quedo un poco más, hoy se está bien fuera.
Se va con la decepción grabada en la mirada. Decepción por otra noche sin ver ni oír nada, por otra noche sin pistas y por otra noche sin poder decirle a Himalia que la quiere.
Escucho la puerta cerrarse. Y ahora en soledad, me vienen un montón de recuerdos con mi hermana.
- Seels tenemos que dar color a esto ¿no?
- Himy no empieces, por favor...
- Venga no va a costar tanto pintarlo, solo hace falta un poco de azul o verde... ¿o prefieres amarillo?. Oh tengo una idea mejor... ¡podemos juntarlos! ¡Va a quedar genial!
- Dios mío, ya empezamos... la última vez que pintamos una habitación con tantos colores daba dolor de cabeza solo entrar. Se supone que este tiene que ser nuestro refugio, un lugar tranquilo, Himy.
- No exageres, ¡cuando acabemos va a quedar precioso! La podemos llamar la habitación perdida. Es el nombre perfecto... ¡será divertido! Va, Seels, anímate ¡porfa!
- Vale, la pintamos, pero no te pases con los colores, que te conozco...
Ese día pintamos ''la habitación perdida'', nuestro lugar secreto. Allí pasábamos horas y horas sin hacer nada. Al acabar de pintarla parecía un Picasso, pero Himy era así, en temas de colores era mejor no llevarle la contraria. A pesar de todos esos colores que se mezclaban a lo largo de cada pared, era un lugar acogedor. Tía Yuli nos había regalado un gran sofá azul cielo que hacía juego con el de las paredes, bueno, en realidad todos los colores hacían juego con las paredes, ya que mi hermana en un ataque de ''coloridad'' como ella los llamaba, había comprado casi media tienda de pinturas. Teníamos desde verde bosque, hasta rojo pasión, pasando por todos los tonos imaginables de lila, amarillo y turquesa. La envidia de cualquier pintor. También habíamos puesto una mesita color ciruela, con dos sillas, una color naranja y la otra rosa. En una de las esquinas, junto al enorme ventanal, estaba el caballete de Himy con su última maravilla, una pintura impresionante del bosque que crecía tras ese cristal. Ella siempre había tenido el don de la pintura y todas sus obras eran admirables. En la otra punta estaban mis tres estanterías de libros, que eran mis bienes más preciados. Toda nuestra personalidad reunida en la habitación perdida. Ese lugar lo era todo para nosotras. Y ahora era un recuerdo más de esa vida feliz, cuando mi hermana me arrastraba a su mundo de locuras y me hacía sentirme viva.
Vuelvo a la realidad cuando escucho un sonido... lo primero que me viene a la mente son alas... y esta vez no pienso dejar escapar la oportunidad de ver cual es la causa de que me haya pasado el mes entero en vela, aquí sentada en el balcón. Agudizo la vista, aunque con la poca luz que hay no es que sirva de mucho. Veo una silueta. Me preparo para descubrir los misterios que he intentado descifrar durante treinta días.
Da un paso hacia mí y se me acelera el corazón. En la oscuridad tan solo puedo ver su silueta negra, realmente alta. A simple vista parece un chico de pelo largo, por los hombros; pero cuando me fijo bien consigo ver a su espalda algo que sobresale. No logro identificar esa silueta. No se me ocurre que puede ser.
Da otro paso. Creo que el latido de mi corazón va a causar un terremoto como siga acercándose. Tiene un aire de peligro... siento la agresividad en sus pasos, lentos, meticulosos, pero seguros; como un león que acecha a su presa hasta acorralarla. Si su objetivo es ponerme de los nervios lo está consiguiendo con éxito. Estoy a punto de entrar en pánico y ponerme histérica. Es algo que no puedo controlar, cuando me pongo nerviosa me desmayo o me pongo a gritar como una loca obsesa... en fin, saco todo mi encanto natural.
Necesito verle, saber quién es y darle las gracias. Me levanto y enciendo la luz. Lo próximo que sé es que oigo de nuevo las alas y él ha desaparecido. ¡NO! ¿Cómo puede hacerme esto? ¿Cómo se atreve a dejarme con la intriga? Averiguaré quien es, sea como sea y se va a enterar. Puede que haya recuperado un objeto muy valioso para mí, pero ¡nadie me hace esperar un mes para esto! ¡Nadie! Agg estoy tan enfadada, no me lo puedo creer, estuve tan cerca. Tengo ganas de pegarle a algo... se va a enterar cuando lo encuentre, porque lo voy a encontrar. Tarde o temprano. Lo presiento.

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